jueves, 27 de septiembre de 2007

Generaciones Aproximadas

¡Monstruos, que sois unos monstruos! Los elogios se sucedían entre el público y ellos les correspondían con unos: ¡qué bonitos coros, carajo! Intervenciones como éstas sirven para resumir en esencia cómo se desarrolló una velada única en pleno mes de julio en Córdoba: el concierto de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina en su gira Dos pájaros de un tiro.
La asfixiante canícula cordobesa se unió a la fiesta y concedió un respiro a las miles de personas con una noche suave. El Arcángel se vistió de gala para contemplar el mejor gol –cultural, se entiende- en mucho tiempo y el que aunó a más público en la capital. Ellos cumplieron, con creces. Ofrecieron destellos de calidad y excelencia, la atesorada con el paso de los años. Quedó patente que se divertían en el escenario y lo contagiaron al auditorio.
Aunque los mejores jamones aglutinan 5 jotas y ellos sólo atesoren 2, J. y J. deleitaron a los presentes con el sabor del mejor pata negra y dejaron el regusto del más cuidado ibérico de bellota. Sobre todo, porque lograron que unas 14.000 personas se olvidaran de todos sus problemas y preocupaciones durante cerca de 3 horas y se abandonaran a un goce musical, a una experiencia íntima, a una contribución al crecimiento personal de las que quedan alojadas en la retina por largo tiempo, huella indeleble en la memoria.
Y entre todo el mérito de estos poetas de nota hay que incluir el hecho de que consiguieran vencer ese desfase generacional que asola nuestra sociedad y colocasen en la misma sintonía a padres, hijos, abuelos y nietos. La brecha de entendimiento entre pequeños, medianos y grandes fue borrada del primer acorde al último por Serrat y Sabina. Hicieron girar a todos en torno a su música, sus letras, sus actitudes… las ideas. Inmenso soplo de aire fresco, no viciado, en mitad del clima de crispación constante en el que vivimos –y, lo más preocupante, al que nos estamos acostumbrando-; paradigma del cimiento que debe sostener nuestra sociedad: la convivencia.
Su espectáculo, así pues, fue como esos buenos juegos de mesa: recomendado de 0 a 99 años y en los que, además de pasar un rato agradable, siempre aprendes algo. Yo, entre otras muchas cosas, descubrí como todo un estadio de fútbol, césped incluido, derramaba su acompasado y emocionante doblar de palmas, junto al son de una guitarra, por todos los rincones de la ciudad de la Mezquita. Y también aprendí o, mejor dicho, recordé, que los seres humanos, entre tanto mal obrador y tanta mala obra, disfrutamos con las cosas buenas y bien hechas, sabemos detectarlas, entenderlas y apoyarlas.
Como dijeron los maestros… “Más de cien palabras, más de cien motivos, para no cortarse de un tajo las venas, más de cien pupilas donde vernos vivos, más de cien mentiras que valen la pena”.

2 comentarios:

VRH dijo...

Para aquellos que estén interesados, decirles que el texto está escrito en julio, pero he decidido inaugurar el blog con él porque me parecía digno para dar el pistoletazo de salida a esta bitácora virtual. Muchas gracias por las visitas.

juanma dijo...

Sé bienvenido a la blogosfera. Fantástica inauguración, con brindis a la convivencia entre generaciones, a la banda sonora de muchas vidas que son y serán, a la magia de una noche para la biografía de cada cuál.
Sí, fue de esas noches que nos permitirán decir "yo estuve allí". Pues eso. Salud(os)